¿Crisis o escasez de verdaderos líderes?

Pareciera que es un día como cualquier otro. Es el tiempo de llegar a la oficina, saludar con cara seria y gesto adusto a los demás, evitar el contacto visual, entrar al lugar de trabajo y sentarse a tratar de organizar el día. “Los resultados son los que importan” -te dices convencido una y otra vez-

Revisas tu e-mail y te das cuenta que hay cientos de correos, varios pendientes que resolver y problemas que solucionar. Experimentas una sensación de estrés y poco a poco vas perdiendo la “tranquilidad”.

Sientes que las cosas se salen de tu control -no de control-. Aprovechas el poder que tienes en la empresa para dar órdenes a los demás de forma déspota –para no creer que estás perdiendo el poder- y regañas a quien se cruza frente a ti, descargando todo tu enojo y frustración. Revisas el reloj y aún no has cumplido ni con una hora de trabajo. Siguiendo así, ¿Cómo terminarás física y emocionalmente el día, la semana, el mes, el año?

La anterior descripción es justo la imagen ejecutiva que comunican algunos directivos, gerentes y jefes cuando tienen poder. No es hablar al tanteo y sin fundamentos. Es lo que se ve y la imagen mental que nos formamos de la(s) cabeza(s) de la organización cuando vamos a vender nuestros servicios. ¿Cuál es la coherencia entre lo que dicen y hacen? ¿Por qué tratar al colaborador –no empleado- como si fuera un instrumento o una máquina de trabajo?

No se puede concebir a un líder que solamente dé órdenes y busque el bien personal. No se puede concebir a un líder que se esmere en hacer las cosas bien y no hacer las cosas correctas. No se puede concebir a un líder que exija a sus colaboradores que se capaciten más, si sus habilidades directivas son limitadas. Se necesita ejemplo, testimonio, servicio, buscar el bien común en pocas palabras.

¿Será que no existen líderes verdaderos porque cuesta más trabajo ser coherente y fiel a los objetivos personales? Y esto implica trabajar con las áreas de oportunidades para identificar los posibles cambios. Y el cambio muchas veces es doloroso, porque representa salir de la zona de confort y comenzar desde cero.

Es necesario que el empresario, la cabeza de una organización, se conozca a sí mismo, identifique sus talentos, trabaje con su expresión verbal, lenguaje corporal y vestimenta ejecutiva con compromiso, no nada más que esté viendo los errores de su equipo de trabajo.

Vivimos de las figuras del pasado. Resulta triste, verdaderamente triste, que hoy en día no haya más líderes. Quizá la crisis también les haya afectado y pegado en la actitud. Es necesario volver al origen y darnos cuenta que somos seres humanos a quienes las relaciones interpersonales le dan un sentido a nuestra vida.

Ojalá que el hombre no acabe por ahogarse en el poder, cegarse y destruirse a sí mismo. Pensemos en las generaciones futuras. Es tiempo de actuar correctamente, es tiempo de cambiar.

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